La crisis económica, la social, el Rey y el Papa.

Carlos Palos. Si afirmo que estamos es crisis pensaréis que es una perogrullada o una obviedad. Si niego la crisis me tachais de insensato. Pues bien,  sostengo que todavia no hemos sido capaces de abordar un proceso de crisis que suponga un verdadero repensar lo que somos y lo que queremos ser, capaz de redefinir el camino. El sistema todavía está pendiente de la eclosión de auténticas fuerzas renovados.

 Son muchos los signos que evidencian decadencia social, agotamiento de ciclo. Pero muchos todo lo achacan a la economía y no captan que la crisis económica no es la causa, sino más bien la consecuencia.
Como decía Antoni Puigvertningún estamento parece sano. Podríamos citar la telebasura, los casos de corrupción,  el desprecio hacia la vida, las frecuentes rupturas familiares, la violencia domésticae incluso el mal ejemplo de un monarca. Podemos citar también el número de suscripciones de un portal dedicado a infidelidades matrimoniales, más de cincuenta mil en Barcelona.
 Acabo de abrir un libro sobre Carlos v, de la casa de los Austrias, bajito de estatura, último romantico de un imperio y de una era teocéntrica que se iba para dejar paso al Renacimiento, centrado en el hombre. Todo son contrastes con el actual rey borbón, que más que luchar por mantener una época y unas esencias, parece liderar la avanzadilla hacia ninguna parte.

Nadie ha defendido el comportamiento del monarca, aunque desde la moral relativista e individualista, que muchos defienden, no hay argumentos para condenarle. Llama la atención que los relativistas, conscientes de alguna manera de la imposibilidad de llevar hasta el final sus postulados, callan ante este tipo de casos.

No podemos condenar la actitud del rey desde una moral individualista y relativista. No podemos condenar al rey y sostener, como hr podido leer en éstos días, que una experiencia de infidelidad puede alegrar la vida, ni podemos hablar de embarazo no deseado, pues la vida humana tiene un valor en sí y no depende del que le asignemos en cada caso. Existen situaciones no aceptables y derechos no negociables.

No podemos afirmar que algunas actitudes son indignas por insolidarias e inmorales y sostener que lo que haga yo en mi esfera privada es de mi única incumbencia.

Cuando Benedicto XVII fijó entre sus prioridades la lucha contra el relativismo nos estaba otorgando una clave para superar el estancamiento social europeo. Distinguir lo bueno de lo malo, dar a la verdad y al bien un valor no relativo nos permite caminar hacia un objetivo común.

A veces pedimos perdón por nuestros actos, pero no lo hacemos previa aceptación de un sistema moral, sino porque la opinión pública nos lo pide, de forma que el criterio de las mayorías presentado por los medios termina por ser la unica fuente de mérito o pecado. Pero los medios, fuertemente corrompidos y relativistas, nunca serán criterio válido de moralidad ni pueden contribuir a edificar la sociedad a menos que medios y sociedad tengan presentes una correcta antropología que nos permita trabajar con un razonable y coherente sistema moral.

Tarea de todos, tarea difícil, tarea larga pero posible.

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